lunes, 29 de abril de 2013

Entrevista



María Manríquez:

“Hans prestó servicios sexuales, pero no era homosexual”

El jueves 18 de abril la justicia oficializó el cierre del caso de Hans Pozo, conocido como “el descuartizado de Puente Alto”. Tras siete años de investigación, la búsqueda de los responsables del homicidio finalizó sin ningún imputado. María Manríquez,  cuñada de la víctima, y único familiar que habla del tema, destraba algunas interrogantes y plantea un mal manejo de la investigación por parte de la Fiscalía. 
Daniela Herrera Gajardo

El 27 de marzo del 2006 se dio a conocer el caso. Los restos de una cabeza, brazos, manos y torso fueron encontrados en las comunas de Puente Alto y San Bernardo. La extracción de las huellas digitales y tatuajes, que no permitía identificar a la víctima, hizo pensar a la Policía de Investigaciones (PDI) en un crimen perfecto. Sin embargo, diez días después, gracias a la reconstrucción de sus huellas dactilares, se logró confirmar su identidad. Se trataba de Hans Hernán Pozo Vergara (20), un joven drogadicto sin domicilio fijo. Según datos de la Fiscalía Sur de Puente Alto, ejercía la prostitución en el paradero 29 de Santa Rosa.

Jorge Martínez Arévalo (41) surgió como el único sospechoso del asesinato. Era dueño de una industria de helados y funcionario de la Municipalidad de La Pintana. De acuerdo a la información proporcionada por el Ministerio Público, el empresario mantenía una relación amorosa con Hans Pozo, quien, luego, lo extorsionó pidiéndole dinero a cambio de no revelar a su esposa e hijos su homosexualidad. Dos días después de la identificación del cuerpo, y mientras Carabineros ingresaba a la casa de Martínez, éste se suicidó. Así, quedó como el único responsable de la muerte de Pozo, tras reconocer en una carta su culpabilidad en el crimen.

Hoy, después de siete años de incertidumbre, y con el caso oficialmente sobreseído, la familia Pozo evita referirse al tema. Están cansados y asumidos. Sin embargo, María Manríquez, esposa de Elvis Pozo —hermano de la víctima—, decide hablar y plantea cuestionamientos a los datos de la fiscalía. Asegura que hay más responsables, que no se hizo lo posible por encontrarlos y que Hans fue una víctima de la drogadicción.


-Hace siete años que se abrió el caso de Hans Pozo. Hoy ya está sobreseído. ¿Quedó su familia satisfecha con la investigación?

-No. De ninguna manera. Para la familia esto nunca se esclareció. Creemos que hay terceras personas involucradas en el tema. El asesinato no lo pudo hacer solo una persona. Fue una mala investigación porque todos los dardos apuntaron al señor Martínez y ahí murió todo. Puede que haya sido un fracaso de la Fiscalía o, literalmente, era un cacho para el fiscal tener el caso abierto.

-¿Qué razón les dio el fiscal por el cierre del caso?

-Ninguna. No nos informaron que iban a cerrar la investigación. Nos enteramos a través de la televisión. Cuando se supo quién era el chico descuartizado de Puente Alto, también lo supimos a través de los medios. Entonces, nos sentimos pasados a llevar. Hace unas semanas quise contactarme con el fiscal Pablo Sabaj y me dijeron que se iban a demorar siete días en darme una respuesta. Aún no la tenemos y creo que ya no la vamos a tener. Él, en un principio, se preocupó de hablar con nosotros el tema. Pero eso duró un año. Después, no hubo más contacto con el fiscal.

-¿Se quejaron por el tema de la filtración de fotos en los medios de comunicación?
-Hubo una demanda contra Las Últimas Noticias porque el diario puso la cara de la hija de Hans y la expusieron. También contra la Policía de Investigaciones por filtrar la fotos de los restos sin habernos preguntado. Pero nunca quedó en nada. Nunca hubo una indemnización.

-¿No querían que la investigación finalizara porque tienen indicios o sospechas de alguien en particular?

-No de alguien en específico. Eso es delicado y, si fuera así, se hubiese hablado directamente en Fiscalía. Nosotros pensamos que las personas que participaron, a lo mejor, tienen relación con la policía porque, para haberle sacado los tatuajes, para haberlo cortado con máquinas, para haberle cercenado los dedos, debe ser una persona que sabe del tema. 

-¿Está entre sus planes reabrir el caso?

-No. Ya no. No sacamos nada con reabrirlo ni apelar. Yo había pensado en ir a la Corte Suprema, pero si no nos tomaron en cuenta cuando falleció Hans, y no nos tomaron en cuenta ahora que se cerró el caso, menos lo harán si queremos reabrirlo.

-¿Se acabó la esperanza de que encuentren más responsables?

-Sí. A no ser que esas personas se entreguen. 

-¿Aquí se cierra el asunto definitivamente para su familia?

-Sí. Fueron siete años y, en ese tiempo, se había cerrado un poco el tema. Ya estábamos asumidos y anímicamente mejor. Con esto del cierre del caso, se reabrieron heridas. Hans, supuestamente, fue marginado porque era drogadicto, porque era de la calle y vulnerable, pero detrás sí existía una familia. Adoptiva, por supuesto, pero había un papá, cuatro hermanos y una hija. Hans dejó una hija.

-¿Qué es lo que sabe ella acerca de la muerte de su papá?

-Nada. Sabe que el papá murió. Sabe que el papá está en el cielo. Sabe que la cuida y que la mira. No sabe nada más. No sabe en qué circunstancias pasaron las cosas. Por lo mismo, nosotros hemos evitado salir en la televisión. A mí me han llamado harto y a la Linda (madre de la hija de Pozo) también. Ella tampoco quiere referirse al tema porque no nos queremos imaginar lo que pasaría si la niña algún día pesca las noticias y ve a su mamá en la tele.  

-¿Piensan decirle que fue un asesinato?

-Estamos en planes de conversar con ella y decirle cómo fueron las circunstancias. Cuando Hans murió, ella tenía apenas un año y medio, pero hoy tiene ocho años, va en tercero básico, maneja internet, sabe leer y escribir. Claro que tendrá que haber una ayuda sicológica primero y no decírselo de tiro. 

-¿Cuánto tuvo que ver la droga en la muerte Hans Pozo?

-Cuando Hans supo que era adoptado, se puso rebelde. Estuvo dos años internado en un colegio y de ahí se arrancó. Adquirió malos hábitos y comenzó a vivir en la calle. Para sobrevivir, robaba la radio de los autos y, a los 13 años, cayó en la droga. Hans estaba enfermo y, si estás metido en eso, seas hombre o mujer, vas a ofrecer tu cuerpo para obtener dinero y conseguirla.

-Entonces, ¿hubo una relación entre Hans y Jorge Martínez?

-Sí, hubo una relación, pero por plata. Pero de que hubo enamoramiento no. Eso es falso. También es falso que Hans extorsionara a Martínez diciéndole que iba a matar a su hija, a la esposa o a la familia. Hans no era así. Sé que los delincuentes no son buenos, pero Hans no era malo.

-¿Hans era homosexual?

-No. Solo le entregaba los servicios. El viejo le daría cinco o diez lucas. Lo que sí creo que es verdad es que Hans le pedía plata a cambio de no contar que Jorge Martínez era gay. Entonces, este caballero se empezó a ver acorralado. Por eso se suicidó.

-El año pasado, en el programa “Mañaneros” de La Red, la invitaron a tener un contacto con Hans Pozo mediante una psicofonía…

-Esa fue la estupidez más grande que hice. Pero decidí ir porque siempre he tenido la duda si Hans aún está rondando por aquí o si está descansando. Se dio la oportunidad, pero fue una estupidez. De hecho, ahora me ofrecieron un contacto con el médium Sebastián Lía, de TVN. Con la Linda queremos ir, pero estamos en conversaciones porque él no trabaja con casos policiales.

-Si para usted el caso no tiene vuelta atrás, ¿qué quiere conseguir al contactarse con él?
-Quiero saber si está bien, si está descansando y si está con mi suegra. Solo esas tres preguntas. Ya no quiero saber quién lo mató. Para mí está claro que Hans se murió, no va a volver. Quiero que se cierre un poco el tema porque a mí también me ha costado harto superarlo. Yo no puedo dormir. Lo escucho. Sueño con él. Lo veo triste y sufro.

-¿Qué sueña?

-Una vez lo veía sentado en un sillón blanco con un pantalón azul marino. Me dijo: “María, toma”. Y me dio algo. No sé qué era. A la semana, supe por la tele que se iba a cerrar el caso. Para mí fue una forma de aviso. Él estaba triste. Hans era como un hermano mío. Cuando ya estaba bien metido en la droga, él confiaba en mí y en nadie más. A veces en invierno golpeaba la puerta. Hacía frío y me pedía una taza de té o un pancito. Ahí yo le daba de comer. A mi marido le tenía terror. Me preguntaba: “¿A qué hora llega el Elvis?”. Y yo le decía: “Como a las ocho”. “Ya, avísame un cuarto para las ocho”, me decía. Pensaba que él lo iba a retar porque Hans ya estaba botadito, con ropa fea. Olía mal, tenía los dedos y los dientes amarillos.

-¿Cómo tomó Elvis la noticia del cierre del caso?

-Mi esposo no habla del tema. Solo yo hablo porque estuve tratando de conseguir una cita con el fiscal. Pero como ahora no se va a hacer nada, y el caso terminó, yo misma me estoy negando a eso. Lamentablemente, esto se acabó y acá se cerró. No tengo ganas de hablar más. Estamos cansados. Esto no se abrirá más. Si se cerro, se cerró no más.

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